Por José Serrano

“Dios moldeó el barro dándole forma de hombre y luego le da vida con su aliento”. Génesis.

“Mareiwa, el principal dios wayuu formó con barro varias figuras que tomaron vida y después él repartió los clanes o castas”.

Malambo por todos los tiempos fue un territorio alfarero; pero fue basado en los estudios del profesor Carlos Ángulo Valdés que fuimos presentados ante el mundo con la famosa múcura malambera que data de miles de años antes de Cristo, como una comunidad del género cerámica.

En Malambo encontramos los mismos aparejos que se han venido utilizando con el tiempo para la construcción de vasijas, tinajas, ollas y hasta urnas funerarias.

Todo el procedimiento que las abuelas utilizaban para podrir el barro que extraían de un sitio específico de la laguna y que combinaban con agua, lo limpiaban, a la vez lo iban mezclando con arena lavada (arroyos) y así quedaba la arcilla lista para moldearla con las manos, después con una cuchara de totumo la bordeaban y le daban la figura escogida.

Cuando ya estaba la múcura la llevaban a un cuarto para que no recibiera los rayos del sol directamente y así no se rajara, ahí demoraba el tiempo de maduración.

Después se buscaban varitas delgadas secas, las que nuestras abuelas llamaban “limpia jopo” porque era su función principal.

Posteriormente, en los patios de las casas armaban el horno de leña, abajo ponían las varitas y encima las ollas dejando un orificio en la parte de abajo por donde le metían la candela al igual que alrededor hasta que se cocinaran, después las dejaban enfriar y las seleccionaban.

Las múcuras eran vendidas en Barranquilla y en los pueblos vecinos, eran transportadas a través del caño clarín y las llevaban a Ciénaga (Magdalena) y de allá traían sal y pescado seco, la famosa “lisa zamba sola” que era alargada y de mar.

Algunos nombres de alfareras son: María Valencia, María Geraldino (vocabulario), María Celedonia, Marcela Florián, todas ellas ya fallecidas, y la única que queda de muy avanzada es la señora María Camargo.

También tenemos que decir en el libro “Tradición Malambo” del doctor Carlos Ángulo Valdés aparece una foto de Marcela Florián fabricando una olla de barro. Este arqueólogo trajo a Malambo en las décadas 50 y 60 estudiantes de arqueología para que vieran todo el proceso.

El doctor Carlos Ángulo Valdés, cuyo nombre lleva hoy nuestro museo, fue un gestor para la creación de la escuela de cerámica en el municipio de Malambo, creada según decreto 1873 del 30 de agosto de 1950 con el respaldo de la Universidad del Atlántico, su sede fue la casa del señor Sebastián Oyola y posteriormente fue trasladada a donde hoy se encuentra el comando de policía, su primer profesor fue el español Cárdenas Abella… De esa tradición hoy no queda nada.

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